El Nacional - Miércoles 22 de Febrero de 2006

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    Agujas para enfriar el cáncer

    Dos horas de procedimiento no invasivo, escaso sangrado y recuperación pronta es la oferta de la criocirugía, técnica desempolvada hace 15 años, equiparable en costo con la cirugía convencional, y que ha curado, desde noviembre, a seis personas en Venezuela.
    Ernesto Campo

    La prueba de antígeno prostático le reveló que había que temer, que sus molestias eran culpa del cáncer. Haber sufrido un infarto pocos meses antes parecía descartar cualquier posibilidad de operación. Pero, por fortuna, había otra vía, menos invasiva y con menor tiempo de convalecencia:
    la criocirugía.

    Este procedimiento, que se ha aplicado con éxito a seis pacientes en Venezuela desde noviembre pasado, es capaz de congelar el tejido afectado con el gas inerte argón -gracias a unas agujas que transfieren el frío- y destruir los carcinomas a una temperatura de menos 40 grados centígrados.

    También permite aminorar el temor a los grandes quirófanos y a la pérdida de sangre típica de una cirugía convencional.

    Dos horas o menos son necesarias para que el riñón, pulmón, hígado, mama, útero o próstata, órganos susceptibles a esta intervención, queden libres de tumores. Riñón y próstata han sido los únicos órganos curados en Venezuela.

    Ayer, dos pacientes fueron sometidos al procedimiento para curar su próstata, en el Grupo Medis de Santa Fe, por el único criocirujano del país, el oncólogo Alejandro Egea; su ejecución fue supervisada por el presidente de la Sociedad Internacional de Criocirugía, el italiano Franco Lugnani.

    Esta batalla bajo cero registra un porcentaje de efectividad de entre 90% y 92%, igual que la cirugía convencional, pero ofrece todo un abanico de ventajas comparativas: la hospitalización sólo dura una noche, hay un sangrado ínfimo y, si bien hay dolores perineales postoperatorios, las molestias derivadas pasan rápido.

    Su vinculación estrecha con la tecnología añade otra ventaja:
    un mayor control del cirujano a través de una unidad llamada “máquina del frío” aminora los posibles errores humanos.


    Técnica añeja
    Antes de la Segunda Guerra Mundial ya se hablaba de criocirugía para combatir el cáncer, y cuando en 1963 se decidió suspender las intervenciones realizadas con esta técnica, no era desconocida en Europa y Estados Unidos.

    Los científicos Gary Oik y Boris Rubinsky fueron los mentores y los creadores de la llamada “máquina del frío”, aplicada para la criocirugía. Pero los efectos colaterales acabaron por detener a los expertos y posponer la aplicación de métodos criogénicos hasta 1990.

    Hace 15 años, el uso de una sonda para evitar daños uretrales abrió la posibilidad de retomar la carrera contra el cáncer prostático, y la criocirugía volvió a surgir como opción. Estados Unidos, China, Italia, Inglaterra, España, Brasil y Argentina son algunos de los países que han tomado esta alternativa. Colombia será el próximo país de la región latinoamericana en sumarse.


    El precio del frío
    Algunas aseguradoras se han empezado a convencer de la efectividad de la criocirugía y avalan ese procedimiento, que hasta ahora sólo se realiza en la clínica Medis de Santa Fé y en la clínica Santa Sofía.

    Su costo oscila entre 16 y 17 millones de bolívares, valor ligeramente superior a los 14 millones que demanda la cirugía convencional y los 19 millones de bolívares que cuesta la braquiterapia.

    “Otra ventaja de la criocirugía es que no amerita la radioterapia posterior”, apunta Egea. La eliminación del cáncer por radiación exige al paciente un gasto de entre 27 y 28 millones de bolívares.

     
    Alejandro Egea, primer criocirujano

    Estuvo en Barcelona, España, entre enero y abril de 2005, en un curso de oncología urológica, y vio trabajar a dos especialistas en una técnica quirúrgica para acabar con el cáncer de próstata que era poco invasiva: la criocirugía. Así fue como el urólogo oncólogo, Alejandro Egea, egresado de la Universidad Central de Venezuela en 1996, se interesó por el método de enfriamiento capaz de arrasar, sin traumas, con tumores localizados.

    “Inmediatamente, la idea fue traer la criocirugía al país y convertirla en una alternativa para que otros urólogos empezaran a utilizarla”.

    Unos meses después, en noviembre pasado, se convirtió en el primer criocirujano del país, y Venezuela tuvo el honor de ser el segundo país latinoamericano que aplica ese tratamiento. Con seis procedimientos de este tipo en su haber, espera por las jornadas de oncología que organizará el hospital Vargas en marzo, que le permitirán hablar de las bondades de la operación. El cirujano también viajó a Texas, Estados Unidos, para observar más operaciones de ese tipo. La organización del capítulo Venezuela de la Sociedad Internacional de Criocirugía es otro objetivo a mediano plazo; Franco Lugnani, presidente de la SIC, fue el de la idea.